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MOISÉS

Moise tablas   Sin duda uno de los más grandes líderes de la historia, se llama Moisés, un hombre que obedeció al llamado de Dios para realizar uno de los trabajos más impresionantes, ser el líder que guiaría a todo un pueblo de Egipto a Canaán, de una vida de esclavitud a una vida de libertad. Fue un líder que guió a toda una nación, una nación de más de dos millones y llevándolo a través de un desierto; fue una tarea muy difícil, si entráramos en detalles de ese liderazgo escribiríamos todo un libro, Moisés, además de ser un gran líder, tuvo que tener tremendas cualidades; la Palabra cuando habla de él, menciona como un hombre manso y humilde, un hombre obediente, en Éxodo 7:6 dice: «E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó; así lo hicieron»

La historia comienza cuando el faraón de Egipto se entera que los hebreos, después llamados israelitas, empiezan a multiplicarse muy rápido por lo que manda a matar a todos los recién nacidos. Una madre toma a su bebe y lo pone en una sesta y lo hecha al rio Nilo, ese bebe es Moisés y milagrosamente lo encuentran y lo salvan; la hija del Faraón, la princesa de Egipto, vino al río a bañarse y vio la cesta flotando y se dio cuenta que había algo dentro que se movía y hacía ruido.

MOISÉS. Levita, fue hijo de Amram y Jocabed. Nació en Heliópolis, famosa ciudad del bajo Egipto. Fue adoptado por la hija de Faraón y educado “en toda la sabiduría de los egipcios” (Éxodo 21:1-15). Llegó a ser varón “poderoso en sus palabras y obras”.

Este primer período de su vida terminó cuando a la edad aproximada de 40 años Moisés mató a un egipcio que a su vez había asesinado a un hebreo, por lo que tuvo que huir a Madián (Éxodo 2:15-4:31). Durante su exilio (período de 40 años) se casó con Séfora, hija de Jetro y fue pastor toda su vida. A los 80 años, Jehová, se le apareció en una zarza ardiente y le ordenó volver a Egipto y salvar a su pueblo de la esclavitud. Una vez hecho esto, debía guiarlos hacia la tierra de Canaán, donde debían instalarse de forma permanente. Para ayudarle en el proyecto, Jehová otorgó a Moisés el poder de realizar milagros.

Moisés se presentó ante el faraón junto con su hermano Aarón, pero a pesar de los milagros realizados azotando a los egipcios con una serie de plagas, el faraón se negó a liberar al pueblo hebreo.

Primera Plaga: El Agua Convertida en Sangre 

El Señor dijo a Moisés: “Has visto que se ha endurecido el corazón del Faraón y no quiere liberar a mi pueblo. Mañana cuando pasee por la orilla del Nilo con el cayado en la mano y dile que deje marchar a Israel al desierto para sacrificar a su Dios. Si no hace caso, golpea con el cayado las aguas del Nilo y éste se convertirá en sangre; y, como el Nilo, también los demás ríos serán sangre; y los canales, y los estanques, y los embalses se trocarán en sangre; y el pueblo de Egipto no tendrá ya agua para beber”.

Segunda Plaga: Las Ranas

El Señor dijo de nuevo a Moisés: “Vuelve al Faraón y, en mi nombre, mándale que deje marchar a Israel al desierto, donde debe encontrar a su Dios. Si no obedece, castigaré a su país con una enorme invasión de ranas. Contra él y sus familiares y sus siervos avanzarán ejércitos de ranas; y su casa y sus estancias, y los hornos y todo será invadido por las ranas, y todo quedará devastado por ellas”.

Tercera plaga: Los Mosquitos

Entonces el Señor dijo a Moisés: “Di a Aarón que esgrima el cayado y golpee el polvo del suelo y éste proliferará mosquitos, una irrupción de mosquitos sobre todo el país de Egipto durante una jornada entera”.

Cuarta plaga: Moscas

El Señor dijo de nuevo a Moisés: “Mañana preséntate una vez más al Faraón cuando se halle paseando por la orilla del Nilo y dile:

“Así te habla el Señor Dios de los hebreos: Deja marchar a mi pueblo, para que me haga sacrificios en el desierto, donde Yo le encontraré. Si también ahora te obstinas en no dejarle salir, haré llover sobre ti, sobre tu casa y sobre todo tu pueblo, nubes de moscas que ‘molestarán de modo insoportable. Únicamente quedará libre de ellos la tierra de Gesén, donde vive mi pueblo. Sabe por esto que el Dios de Israel es el único Dios verdadero”.

Quinta Plaga: La Peste  en el Ganado

Nuevamente el Señor ordenó a Moisés que fuera al Faraón y le mandara dejar marchar a su pueblo, para que éste pudiera salir de Egipto y le ofreciera, entonces, sacrificios en el desierto.
En caso contrario, su mano se descargaría sobre todo el ganado de Egipto, sobre los caballos y los asnos, sobre los camellos, los bueyes y las ovejas, con una tremenda mortandad. En cambio, del ganado de los hijos de Israel ni un solo animal perecería.

Sexta Plaga: Las Úlceras

El  Señor dijo a Moisés y Aarón: “Tomad ceniza de los hornos de ladrillos y echadla a lo alto, en grandes puñados. Caerá como finísimo polvo y cubrirá todo Egipto, y a los hombres, y los animales, en los cuales producirá úlceras que darán horribles pústulas”.

Séptima Plaga: Dios Envía el Azote del Granizo

La séptima plaga de Egipto fue una destructiva tormenta. Dios le dijo a Moisés que estirase su vara hacia el cielo, punto en el cual la tormenta comenzó. Era incluso más sobrenatural que la plaga anterior, una poderosa ducha de granizo mezclada con fuego. La tormenta dañó gravemente a los huertos y cultivos egipcios, así como a las personas y al ganado. La tormenta azotó todo Egipto excepto por la Tierra de Gosén. El Faraón le pidió a Moisés que eliminara esta plaga y prometió permitir a los Israelitas adorar a Dios en el desierto, diciendo que "este tiempo he pecado; Dios es justo, yo y mi pueblo somos malvados". Como una demostración de dominio de Dios sobre el mundo, la lluvia se detuvo tan pronto como Moisés comenzó a orar a Dios. Sin embargo, después de que la tormenta cesara, el Faraón de nuevo "endureció su corazón" y se negó a mantener su promesa.

Octava plaga: Langostas

Moisés y Aarón volvieron a Faraón, y le dijeron: “El Señor Dios de Israel te pregunta hasta cuándo vas a despreciar su mandato de dejar partir a su pueblo para que le encuentre en el desierto y le sirva allí libremente. Y te advierte una vez más que si rehúsas obedecerle, mañana mismo hará venir la langosta sobre todo tu territorio, en número tan grande que cubra el suelo; y devorará lo que ha quedado tras el granizo; e invadirá los caminos, las casas, los huertos y los graneros: será una irrupción como jamás vieron los padres de tus padres, desde la creación hasta hoy”.

Novena plaga: Las Tinieblas y Oscuridad: El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano hacia el cielo y descenderán sobre la tierra de Egipto espesas tinieblas”.

Esta oscuridad era tan pesada que un egipcio podía sentirla físicamente. Duró tres días, tiempo durante el cual sólo hubo luz en las casas de los israelitas.

Decima plaga: Muerte de los primogénitos

La décima y última plaga fue la muerte de todos los primogénitos de Egipto. Dios ordenó a los hebreos marcar sus puertas con la sangre de un cordero, y de esa forma no entraría en sus casas para matar a sus primogénitos. Primero, la sombra de la muerte fue al pueblo hebreo para matar a algunos hebreos, pero no lo hizo gracias a la sangre del cordero por las jambas de las puertas. 

Moises paso mar rojo  Luego la sombra de la muerte se dirigió al pueblo egipcio para matar. Como no había ninguna sangre de cordero en la puerta, la sombra de la muerte mató a los primogénitos egipcios, incluyendo al hijo del faraón. Este fue el golpe más duro a Egipto y la plaga que finalmente convenció al faraón de que debía liberar a los hebreos.

Al final, aceptó que Moisés condujera a los hebreos fuera de Egipto, camino de Canaán. Al aproximarse al Mar Rojo, un ejército egipcio enviado por el faraón se les aproximó. Moisés extendió su brazo, dividiendo el mar y formando murallas de agua a derecha e izquierda. Los hebreos cruzaron el tramo, pero cuando los egipcios intentaron seguirles, las murallas de agua cayeron sobre ellos y los ahogaron.

Al llegar al pie del monte Sinaí, en la península homónima, Moisés subió a la cima para hablar con Jehová. Estuvo con él por 40 días y 40 noches y recibió dos tablas de piedra en las que estaban escritos los Diez Mandamientos.

Tras 40 años de travesía del desierto bajo la dirección de Moisés, periodo signado por diversas tribulaciones como terremotos, plagas, incendios, sequías y guerras con los pueblos nativos de Palestina, los hebreos llegaron al fin a Canaán. Jehová permitió a Moisés divisar la Tierra Prometida, desde la cima del monte Nebó, y después de esta visión murió. Sin embargo, ya había entregado el liderazgo del pueblo a Josué. Aunque es difícil precisar las fechas de nacimiento y muerte de Moisés, numerosos especialistas contemporáneos aseguran q

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